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Jorge Barraza: Pecados de un dios del fútbol

La sonrisa es innegociable. Hasta cuando te están llevando esposado. Tal parece ser la consigna de Ronaldo de Assis Moreira. Te flanquean dos policías y de frente están los fotógrafos, sonríe, sonríe… La sonrisa es su escudo protector. Eso y el recuerdo del jugador fascinante que fue. Artista del malabar, rey de un escenario con cien mil personas, prodigio capaz de atravesar paredes blindadas de zagueros, bandera del fútbol alegre, del ideal de ganar y gustar. Hasta los amantes del picapiedrismo (¡y hay tantos…!) abdicaron ante la magia de Ronaldinho. Y quienes lo admiramos no aceptamos comparaciones, ni con Pelé ni con Maradona ni con Messi: Ronaldinho es Ronaldinho, cinco centavos aparte. Cualquier comparación profana su recuerdo.

Pero una gruesa porción de la simpatía universal hacia su figura tambaleó el miércoles 4 de marzo al ser detenido en Paraguay por ingresar a ese país con un pasaporte falso. La misma suerte corrió su inseparable hermano Roberto de Assis Moreira, Assis para el fútbol, pues también fue jugador, también surgió de Gremio y realizó una extensa carrera por diversos países. Roberto, nueve años mayor que Dinho, lo introdujo en este mundillo, luego se convirtió en su representante y es como su sombra. Cada vez que Ronaldinho cae en un pozo de estos, en Brasil todo el mundo responsabiliza a Assis. “Ronaldinho es ingenuo y cualquier papel que Assis le ponga por delante para firmar, él lo firmará. Pasa una y otra vez”, dicen los colegas brasileños, que prefieren no ser identificados.

 

Todos los chanchullos anteriores se maquillan, pero la cárcel es la desfiguración de un ídolo, un golpe devastador a su imagen. Primero se habló de una confusión en migraciones, luego se mostraron pruebas contundentes y se concretó con su entrada al presidio. Las personas que lo llevaron a Paraguay y las motivaciones, así como la fundación que organizaba el evento no son menos oscuras que el episodio. Luego se supo que no era simplemente un tema de documentación. El País, de Madrid, lo definió como “El huracán de lavado de dinero y corrupción”.

Menos de un mes atrás, el 11 de febrero, Ronnie volvió al teatro de sus glorias: el Camp Nou. Mirando el esqueleto vacío del coloso se puso nostálgico de verdad: “Mi jardín, mi pista de baile”, dijo. Y los ojos se le nublaron. Justo tres años antes, el Barcelona lo había designado embajador, para “contribuir a la tarea de globalización de la marca Barça y sus valores”. No llegó a ejercer: poco después, dos episodios enfriaron la relación y dejaron congelada cualquier actividad del crack. Una, cuando el Gobierno brasileño, en 2018, le retiró el pasaporte. Había sido condenado en 2015 por daño medioambiental al construir un embarcadero y plataforma de pesca en el lago Guaíba, zona de preservación ambiental. Zafó de ir a prisión, pero se le impuso una multa de 2 millones de euros. Nunca la pagó, por lo que el juez ordenó quitarle el pasaporte. “Pese a ser fotografiados habitualmente en diferentes lugares del mundo, curiosamente su paradero en su país de origen es incierto y/o desconocido”, dictaminó el magistrado que ordenó retenerles el documento, lo cual les impidió durante un tiempo salir de Brasil.

En el mundo culé, siempre tan exigente y estirado, Ronaldinho es querido, aunque no amado, su paso fue, si no fugaz, sí breve para un fenómeno que todos desearían retener por muchos años. En el Barça llamaban “el clan latinoamericano” al trío de los brasileños Deco y Ronaldinho y al mexicano Rafa Márquez. Eran habitués de la noche catalana y arrastraban a un chico que recién asomaba, vivía solo y, para mitigar su soledad, los acompañaba a las discotecas: Lionel Messi. El club tenía grandes esperanzas en Leo y decidió cortar por lo sano: se deshizo de clan. Pep Guardiola, recién asumido, alentó y apoyó la decisión. Allí empezó Dinho su viaje sin retorno al primer plano mundial. Peregrinó por media docena de clubes, pero ya no fue el atacante irresistible de sus primeras cuatro temporadas en Barcelona.

“Le agradecemos mucho lo que dio al Barça, pero no puede ser embajador del club, que quede su testimonio en el museo y punto”, dicen muchos hinchas azulgranas. Otros le endilgan haber hecho campaña en Cataluña por el Partido Popular, al que se acusa de ser heredero del franquismo (algo así como el anticristo).

Entre el antecedente del pasaporte y su apoyo explícito al candidato ultraderechista Jair Bolsonaro en las elecciones brasileñas, el Barcelona decidió desactivar su función de embajador. En verdad, Dinho no tiene inclinaciones políticas, ni le va ni le viene, la idea de su alineamiento a Bolsonaro fue seguramente de Assis, para esterilizar otras demandas que tiene en los estados de Goiás y Río Grande do Sul, siempre por cuestiones financieras. Le salió la jugada: Bolsonaro llegó a la presidencia y en septiembre pasado nombró a Ronaldinho embajador de Turismo de Brasil. El único detalle es que era un embajador sin pasaporte. Lo arreglaron como se arregla todo en nuestras inefables republiquetas: políticamente.

“¿Bolsonaro no hizo nada…? Esto se soluciona con una llamada al presidente de Paraguay”, pensaron muchos tras el encarcelamiento, que impactó en el país del carnaval, sobre todo porque el primer mandatario guaraní, Mario Abdo Benítez, se involucró en el caso y pidió ir a fondo con la investigación dado el gravísimo entramado de corrupción que hay detrás (los pasaportes falsos fueron confeccionados dentro mismo del departamento de Policía). Aunque el descrédito ya estaba consumado, sí se movieron para salvarlo. Y la gestión generó un cortocircuito diplomático: el todopoderoso ministro de Justicia de Brasil, Sérgio Moro, se contactó con el titular del Interior de Paraguay, Euclides Azevedo. El funcionario paraguayo indicó que su par brasileño lo había llamado para interceder en la situación del astro futbolístico, algo que Moro desmintió. “Moro me escribió el sábado 7 y preguntó sobre la situación de Ronaldinho, quiso saber si Ronaldinho y su hermano Assis podrían ser liberados. A Moro no le gustó la prisión de Ronaldinho”, dijo Azevedo. Moro, tratando de evitar salpicaduras, respondió: “En ningún momento hubo ninguna interferencia en la investigación realizada por el Estado paraguayo”. ¡Faltaba más…!

La larga cadena de deslices y “malentendidos” de Dinho comenzó a sus 20 años. Salió fugado de Porto Alegre pese a tener contrato con su club de origen, Gremio. Se fue sin pase y el 17 de enero de 2001, el París Saint-Germain anunció su fichaje sin previo pago. Tras largas negociaciones arbitradas por la FIFA, los clubes no llegaron a acuerdo. Luego de recurrir al TAS, Gremio obtuvo una mísera indemnización de 5 millones de dólares. Pero el hincha tricolor le hizo la cruz. En 2003, al cumplir sus cien años, el club de Renato Gaúcho montó un festejo monstruo y el presidente de entonces, Flávio Obino, para presumir de Ronaldinho, hijo de la casa y estrella mundial, anunció que el 10 sería uno de los abanderados del jubileo. Esto desató una tormenta política en el interior de la institución. “Ronaldinho es un traidor al Gremio, ¿cómo puede ser uno de los rostros del centenario…?”, preguntaron indignados otros dirigentes y, sobre todo, los torcedores. En 2014, cuando ya militaba en Atlético Mineiro, le tocó a Ronnie volver al estadio gremista y recibió una rechifla monumental desde los cuatro costados; salió desencajado. Posteriormente hubo una gestión para recuperarlo y coser todas las heridas. Se había informado del arreglo con su hermano para el retorno y se organizó una fiesta, pero el genio no apareció y, a las pocas horas, firmó para Flamengo. En Gremio, donde ingresó a los 15 años, es tan sacrílego entrar con una camiseta colorada del Inter como con una de Ronaldinho.

En 2018 se difundió la especie de su casamiento con dos mujeres a la vez, con las cuales convive en Río de Janeiro, Priscilla Coelho y Beatriz Souza. Luego desmintió que se casaría; para algunos es un superhéroe también por eso, por tener dos mujeres en su cama y que ambas estén felices, pero alguien le habrá dicho que un ídolo vive de su reputación y no era bueno irradiar la idea de la bigamia.

La Cámara de Apelaciones paraguaya confirmó la prisión preventiva del exfutbolista. De él y de su sombra, Assis, el autor intelectual de todas sus metidas de pata. Deberán estar alrededor de seis meses entre rejas. En la Agrupación Especializada, una cárcel de Asunción, los reclusos alivian su encierro jugando fútbol en el patio. Entre ellos hay un Balón de Oro. Destaca, claro, aunque muy lejos de su pista de baile y de aquellas ovaciones. (D)

Fuente: www.eluniverso.com

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