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Lo siento, pero la prensa no está para animar

 

Ya son dos, y no puede ser casualidad, los jugadores de La Roja que han salido a la palestra para dar un tirón de orejas a la prensa española desplazada a Rusia. Abrió fuego Jordi Alba en El Transistor de Onda Cero con una primera andanada de reproches ("No hace falta que nadie nos diga nada, somos mayorcitos para saber cuándo jugamos bien o mal") y remató la faena Thiago esta misma mañana en rueda de prensa ("Vosotros, siendo españoles, deberíais hacer autocrítica también. Tenemos que estar todo juntos, no hay otra. Si estáis todo el rato haciendo lo contrario, es más difícil que podamos hacer esto solos").

Vaya por delante que los jugadores tienen todo el derecho del mundo a criticar a quien les venga en gana, incluida la prensa. La diferencia, y esto es algo que mucha gente olvida, es que esa misma prensa tiene no sólo el derecho sino el deber de enjuiciar la actuación de nuestros jugadores. También tiene el deber de ser honesta, así que sus opiniones no deben responder nunca a intereses espurios. Si todos los periodistas españoles respetan este elemental código de conducta ni lo sé ni me interesa pero lo que sí parece evidente es que no se nos puede meter a todos en el mismo saco por una cuantas manzanas podridas.

Puede también que los periodistas, en general, no tengamos "ni puta idea" de fútbol, al igual que los 46 millones de españoles que opinan con mayor o menor vehemencia sobre el posible 'banquillazo' de De Gea o la 'necesaria' suplencia de David Silva pero la diferencia es que a nosotros además nos pagan por escribir o hablar sobre estos temas, así que tenemos la obligación de pronunciarnos porque nuestros lectores, oyentes o telespectadores así lo esperan.

Por tanto, si los jugadores esperan a un grupo de amigos que canten sus hazañas y callen sus miserias, estarán pidiendo a la prensa que renuncie a su cometido, que pasa primordalmente por informar. Otra cosa es que los periodistas españoles acreditados en el Mundial se tomen una cerveza con algún jugador o celebren los goles de La Roja como si les fuera la vida en ello. La obligación y la devoción pueden convivir siempre que se tenga claro quién lleva la voz cantante.

Lamento que haya jugadores que aún no entiendan esto, sobre todo porque focalizan su malestar en la crítica exacerbada y maledicente y pasan por alto la constructiva, que se basa siempre en hechos más o menos sólidos. El estrellato y la gloria tienen un sinfín de ventajas pero también hay que pagar cierto peaje y lo mejor es aceptarlo con toda su crudeza sin cargarle el muerto a todo un colectivo que ya tiene suficiente con aguantar que determinados personajes que se autroproclaman 'periodistas' enarbolen la bandera de esta bendita y maltratada profesión.

Fuente: www.marca.com

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